El impuesto a las más grandes y rentables

La Ocde, el club de las buenas prácticas, acuerda que las multinacionales paguen impuesto global de 15%, un paso enorme que beneficia más a los mercados emergentes

La próxima semana, el 13 de octubre, el G-20 ratificará en París el impuesto global a las multinacionales que comenzará a operar a partir de 2023 y que se pondrá en marcha en su fase de implementación el próximo año, una deuda histórica que solo se pudo lograr con el oficio de Estados Unidos, a través de su secretaria de Tesoro, Janet Yellen, y que contó con el respaldo de la Unión Europea, que congeló sus reformas en materia tributaria a la espera de un pacto global sobre este asunto.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) confirmó que 136 países respaldaron la iniciativa para que en adelante, las empresas multinacionales paguen un impuesto global de 15%. La idea es redistribuir a todos los países unos US$125.000 millones en beneficios de más de 100 de las multinacionales más grandes y rentables del mundo. Toda una deuda histórica que empezará a ser pagada tras varias décadas de negociaciones, amenazas y descalificaciones por parte de las corporaciones y de varios gobiernos que no lo veían con buenos ojos, pues cobrar bajos impuestos para atraer inversiones era una práctica sustentada en la competencia tributaria.

La nueva tasa impositiva empujada por la Ocde quiere que las multinacionales paguen tributos más equitativos, pero en el fondo se busca que la evasión en terceros países no sea la manera más usada de competir por las inversiones, especialmente las de tecnología que producen en unos mercados concretos, venden en todo el mundo y concentran sus cuarteles generales en países de baja tributación o con acuerdos específicos.

Por ejemplo, el caso de Google, Apple o Samsung, y otras muchas tecnológicas, que venden sus servicios a nivel global, los generan en servidores ubicados en distintos lugares, en satélites y tienen sus cuentas en naciones que les facilitan sus contabilidades.

Otro ejemplo, es el de Irlanda, Hungría y Estonia, países con impuestos a las multinacionales inferiores a 15%, que inicialmente se resistieron, pero terminaron por sumarse al acuerdo. Kenia, Nigeria, Pakistán y Sri Lanka aún no se han sumado al acuerdo, pero tampoco lo han rechazado.

Es un avance enorme a los ojos del secretario general de la Ocde, Mathias Cormann: “Un acuerdo de gran alcance que garantiza que nuestro sistema fiscal internacional sea adecuado para su propósito en una economía mundial digitalizada y globalizada. Ahora debemos trabajar rápida y diligentemente para asegurar la implementación efectiva de esta importante reforma (...) La iniciativa garantizará una distribución más justa de los beneficios y los derechos fiscales entre los países de las empresas multinacionales más grandes y rentables, que tienen operaciones en diferentes mercados”.

Cabe destacar la posición elocuente de la Secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Yellen, quien concluye que “virtualmente toda la economía mundial ha decidido poner fin a la carrera a la baja en materia de impuestos corporativos (...) En lugar de competir por ofrecer impuestos bajos, EE.UU. competirá con las habilidades de nuestros trabajadores y nuestra capacidad de innovar, una carrera que sí podemos ganar”.

Poco a poco se cierra la brecha tributaria internacional con el foco de que haya mejores decisiones estratégicas sobre la hoja de ruta de cada uno de los países.

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